Monday, October 20, 2025

When You Know You’re Not Welcome

When You Know You’re Not Welcome

How to respond when you’re misunderstood—and still choose love.

Have you ever walked into a room and felt it?

That you’re not truly accepted.
That decisions have already been made about you behind closed doors.
That someone said something—and rather than clearing it up with you, they just believed it.
No questions. No conversation. No grace.

What do you do in that moment?

How do you respond to people who’ve formed an opinion about you without ever hearing your side?
How do you treat those who have already made up their mind?

It’s tempting to shrink back. To go cold.
To walk the other way and never engage again.
And let’s be honest—sometimes it feels justified.

But Scripture reminds us that our battle isn’t with people.

“We do not wrestle against flesh and blood…” —Ephesians 6:12

There is a bigger war happening—and offense, division, and assumption are some of the enemy’s favorite weapons.

Choosing love doesn’t mean becoming a doormat.
It doesn’t mean pretending nothing happened.
It doesn’t mean you have to be best friends or put yourself back in unsafe spaces.

But it does mean you can choose peace.
You can still say hi.
You can still show up.
You can take the high road—not because they deserve it, but because you’re led by a higher truth.

Your identity doesn’t rest on their opinion.
Your value isn’t dependent on their acceptance.
And your calling isn’t cancelled by someone else’s assumptions.

So the next time you walk into that room—
the one where you know you’re misunderstood,
where you sense the coldness,
where you feel the rejection…

Choose love anyway.

It’s not about being weak.
It’s about being free.

Cuando sabes que no eres bienvenido

Cuando sabes que no eres bienvenido

Cómo responder cuando te malinterpretan—y aún así eliges amar.

¿Alguna vez has entrado a un lugar y lo has sentido?

Que no eres realmente aceptado.
Que ya se tomaron decisiones sobre ti sin incluirte.
Que alguien dijo algo de ti—y en lugar de aclararlo contigo, simplemente lo creyeron.
Sin preguntas. Sin conversación. Sin gracia.

¿Qué haces en ese momento?

¿Cómo respondes cuando ya formaron una opinión sobre ti sin haberte escuchado?
¿Cómo tratas a quienes ya decidieron quién eres, sin darte oportunidad de explicarte?

La tentación es retraerse. Enfriarse.
Alejarse. Ignorar.
Y seamos honestos… a veces hasta parece justo.

Pero la Palabra nos recuerda que nuestra lucha no es contra personas.

“Porque no tenemos lucha contra carne ni sangre…” —Efesios 6:12

Hay una batalla más grande en juego—y la ofensa, la división y los malentendidos son armas que el enemigo usa muy bien.

Elegir amar no significa dejar que te pasen por encima.
No significa fingir que no pasó nada.
No significa que tienes que ser el mejor amigo de todos o volver a lugares donde no estás seguro.

Pero  significa que puedes elegir la paz.
Puedes saludar.
Puedes presentarte con amabilidad.
Puedes tomar el camino alto—no porque los demás lo merezcan, sino porque tú vives bajo una verdad más alta.

Tu identidad no depende de su opinión.
Tu valor no se basa en su aceptación.
Y tu llamado no se cancela por sus suposiciones.

Así que la próxima vez que entres en ese lugar—
ese donde sabes que no eres entendido,
donde se siente el rechazo,
donde la atmósfera está fría…

Elige amar de todas formas.

No se trata de debilidad.
Se trata de libertad.

Thursday, October 16, 2025

Living in Your Purpose

 The other day, while I was taking my daughter to school, something as simple as a crosswalk moved me deeply. There stood the crossing guard, with a radiant smile, raising his hand to greet every driver and giving high fives to the kids. It wasn’t just that he was doing his job, it was clear that he loved it, and even more, that he was living in his purpose.

I was struck by how he tried to make eye contact with every person, every passing car, giving a thumbs up and offering a smile. In a world where we often seek platforms, microphones, or stages to feel like we’re living out our calling, God reminded me that true purpose doesn’t always come dressed in glamour. Sometimes it’s found in the ordinary, in the simple things, in being light in the middle of everyday routines.

Jesus Himself said:
In the same way, let your light shine before others, that they may see your good deeds and glorify your Father in heaven. (Matthew 5:16)

That man at the crosswalk was doing exactly that. His joy lit up the children’s path, and his kindness turned a simple moment into an opportunity to plant hope.

Purpose isn’t always a stage
Many times we think fulfilling God’s purpose means having a big platform, reaching crowds, or leading a well-known ministry. But the Word teaches us that everything we do, when we do it for the Lord, has eternal value:

Whatever you do, work at it with all your heart, as working for the Lord, not for human masters (Colossians 3:23)

Your purpose can be lived out in a classroom, a kitchen, an office, your neighborhood, or even at a crosswalk. What matters is not the place, but the posture of your heart to reflect Christ where you are.

Reflection
Maybe today you feel like your life is missing something “big” or “important.” But remember, it’s not the size of the platform that determines your purpose, it’s the faithfulness with which you walk in what God has entrusted to you.

The joy of that man reminded me that when we live with gratitude and serve with love, we are preaching a living gospel, even without words.

Viviendo en tu Propósito

El otro día, mientras llevaba a mi hija a la escuela, algo tan sencillo como un cruce peatonal me conmovió profundamente. Allí estaba el encargado del cruce, con una sonrisa radiante, levantando la mano para saludar a cada conductor y recibiendo a los niños con choca esos cinco. No era solo que cumplía con su trabajo, era evidente que lo disfrutaba, y más aún, que estaba viviendo en su propósito.

Me impresionó ver cómo intentaba hacer contacto visual con cada persona, con cada auto que pasaba, levantando el pulgar y regalando una sonrisa. En un mundo donde a veces buscamos plataformas, micrófonos o escenarios para sentir que estamos viviendo nuestro llamado, Dios me recordó que el verdadero propósito no siempre se viste de glamour. A veces se encuentra en lo cotidiano, en lo sencillo, en ser luz en medio de la rutina diaria.
Jesús mismo dijo:
Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben a su Padre que está en los cielos. (Mateo 5:16)
Este hombre en el cruce peatonal estaba cumpliendo exactamente eso. Su alegría iluminaba el camino de los niños y su amabilidad transformaba un simple momento en una oportunidad para sembrar esperanza.
El propósito no siempre es un escenario
Muchas veces pensamos que cumplir el propósito de Dios significa tener una plataforma grande, alcanzar multitudes o tener un ministerio reconocido. Pero la Palabra nos enseña que todo lo que hacemos, cuando lo hacemos para el Señor, tiene valor eterno:
Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, (Colosenses 3:23)
Tu propósito puede vivirse en un aula, en una cocina, en una oficina, en tu vecindario, o incluso en un cruce peatonal. Lo importante no es el lugar, sino la disposición de tu corazón para reflejar a Cristo donde estás.
Reflexión
Quizás hoy sientes que tu vida carece de algo “grande” o “importante”. Pero recuerda, no es el tamaño de la plataforma lo que determina tu propósito, sino la fidelidad con la que caminas en lo que Dios te ha confiado.
El gozo de este hombre me recordó que cuando vivimos agradecidos y servimos con amor, estamos predicando un evangelio vivo, incluso sin palabras.

Monday, August 11, 2025

Primer Día de Kinder — Una Oración para el Corazón Ansioso de Mamá


Hoy fue el primer día de kinder de Jonathan. Su primer día de escuela… pero, siendo honesta, también se sintió como mi primer día.

Pensé que estaba lista. La mochila estaba preparada, el almuerzo hecho, y la ropa escogida con días de anticipación. Pero nada me preparó para el momento en que lo vi alejarse, entrando a un mundo completamente nuevo sin que yo le tomara la mano. De repente, mi corazón se llenó de preguntas.

¿Encajará?
¿Hará un amigo?
¿Se reirá y amará su nueva escuela?
¿Será amable? ¿Serán amables con él?

Y mientras todas esas preguntas me inundaban, también llegaron miedos que no quería admitir.

Pero en medio de esa ola de emociones, Dios susurró a mi corazón:
“No temas, porque Yo estoy contigo” (Isaías 41:10).

El Señor me recordó que Jesús está entrando a ese salón con él. Aunque Jonathan todavía no lo entienda, aunque su corazón pequeño no pueda comprender por completo la profundidad de Su presencia, Jesús está allí. No mirando desde lejos, no observando solamente desde el cielo, sino en medio de los crayones, los cuentos y los juegos en el recreo.

No tenemos idea de cuán protegidos están nuestros hijos.
No importa lo que Jonathan decida hacer hoy, si levanta la mano en clase o se queda callado, si juega con diez niños o con uno solo, Jesús está a su lado. Dios no trabaja “por turnos,” no entra y sale dependiendo de la situación. Él no puede no estar con nosotros.

Nos guste o no, lo sintamos o no, Dios está ahí. Y no puede dejar de amar ni de escuchar... es quién Él es. Nos ha atraído a un amor de pacto que no nos suelta.

Y en esa verdad, puedo volver a respirar.

Hoy oro esto por mi hijo y por cada mamá que envía a su pequeño al mundo por primera vez:

Señor, protege a nuestros hijos cuando den pasos en lugares nuevos. Guarda sus corazones y mentes. Hazles sentir Tu presencia, aunque aún no tengan las palabras para describirla. Dales valor para ser amables, fuerza para enfrentar nuevos retos y un gozo que solo viene de Ti. Recuérdanos, a nosotras sus mamás, que Tú los amas más de lo que jamás podríamos y que usas cada momento para su bien y para Tu gloria. Amén.

El Salmo 9 nos recuerda: “El Señor es refugio para los oprimidos, es su baluarte en momentos de angustia.” Que esa sea la canción de nuestros corazones mientras vemos a nuestros pequeños dar pasos valientes en el mundo — sabiendo que nunca los dan solos.

First Day of Kindergarten — A Prayer for the Anxious Mama Heart

Today was Jonathan’s first day of kindergarten. His first day of school… but if I’m honest, it felt like my first day too.

I thought I was ready. The backpack was packed, snack made, and his outfit picked out... But nothing prepared me for the moment I watched him walk away, stepping into a whole new world without me holding his hand. Suddenly, my heart was full of questions.

Will he fit in?
Will he make a friend?
Will he laugh and love his new school?
Will he be kind? Will others be kind to him?

And as those questions flooded in, so did the fears I didn’t want to admit.

But in that swirl of emotions, God whispered back:
“Fear not, for I am with you” (Isaiah 41:10).

This is where the Lord reminded me — Jesus is walking into that classroom with him. Even if Jonathan doesn’t realize it yet, even if his little heart can’t fully grasp the depth of His presence, Jesus is there. Not standing off to the side, not just watching from heaven, but right there in the middle of the crayons, storybooks, and recess games.

We have no idea how protected our children are.
No matter what Jonathan decides to do today, whether he raises his hand in class or stays quiet, whether he plays with ten kids or just one, Jesus is beside him. God is not “on a shift,” clocking in and out depending on the situation. He cannot not be with us.

Whether we like it or not, whether we feel it or not, God is there. And He cannot stop loving or listening, it’s who He is. He has drawn us into a covenant love that doesn’t let go.

And in that truth, I can breathe again.

So today, I pray this over my son and over every mama sending her little one off into the big world for the first time:

Lord, protect our children as they step into new places. Guard their hearts and minds. Let them know Your presence, even if they don’t yet have the words to describe it. Give them courage to be kind, strength to face new challenges, and joy that can only come from You. Remind us, their mamas, that You love them more than we ever could and that You are using every moment for their good and Your glory. Amen.

Psalm 9 reminds us, “The Lord is a refuge for the oppressed, a stronghold in times of trouble.” May that be the anthem of our hearts as we watch our little ones take brave steps into the world — knowing they never take them alone.

Friday, August 8, 2025

No digas “no” por los demás

 No digas “no” por los demás

Lo que estoy aprendiendo sobre las invitaciones, las suposiciones y el poder de preguntar

Algo que he notado desde que me convertí en mamá es que las invitaciones ya no son tan frecuentes como antes.

No es que la gente nos haya olvidado. Es solo que la vida cambia. Los horarios se complican. Se hacen suposiciones. A veces las personas ven la etapa en la que estamos y piensan: “Seguramente no pueden venir, están ocupados con los niños.” Y sin querer, nos dejan fuera.

Pero ¿sabes qué duele más que decir que no?
No tener la oportunidad de decir que sí.

Steve y yo hemos hablado mucho de esto. Y algo en lo que hemos llegado a coincidir—ya sea en reuniones sociales, oportunidades de ministerio o amistades—es lo siguiente:

No digas que no por alguien más.

Dales la oportunidad de decidir. Permíteles discernir por sí mismos. Porque cuando decidimos por ellos, no solo los “protegemos”—también los excluimos sin querer.

A veces nos enteramos de momentos en los que nos hubiera encantado estar… pero nunca nos invitaron. Y tal vez no fue algo intencional. Tal vez no fue personal. Pero igual dolió.

Así que ahora este es mi nuevo lema:
No escojas el “no” por otra persona.

Pregunta. Invita. Extiende la oportunidad. Nunca sabes lo que alguien va a responder hasta que lo haces—y a veces, te sorprenderán con un “sí”.

Nunca subestimes lo que una simple invitación puede significar para alguien. Y si dicen que no, que sea un “no” con amor, no uno basado en suposiciones.

Seamos personas que preguntan. Que incluyen. Que extienden el tipo de invitación que Dios nos hace: abierta, llena de gracia y bienvenida.

Porque el acto de preguntar…
Es donde comienza la conexión.