Hoy fue el primer día de kinder de Jonathan. Su primer día de escuela… pero, siendo honesta, también se sintió como mi primer día.
Pensé que estaba lista. La mochila estaba preparada, el almuerzo hecho, y la ropa escogida con días de anticipación. Pero nada me preparó para el momento en que lo vi alejarse, entrando a un mundo completamente nuevo sin que yo le tomara la mano. De repente, mi corazón se llenó de preguntas.
¿Encajará?
¿Hará un amigo?
¿Se reirá y amará su nueva escuela?
¿Será amable? ¿Serán amables con él?
Y mientras todas esas preguntas me inundaban, también llegaron miedos que no quería admitir.
Pero en medio de esa ola de emociones, Dios susurró a mi corazón:
“No temas, porque Yo estoy contigo” (Isaías 41:10).
El Señor me recordó que Jesús está entrando a ese salón con él. Aunque Jonathan todavía no lo entienda, aunque su corazón pequeño no pueda comprender por completo la profundidad de Su presencia, Jesús está allí. No mirando desde lejos, no observando solamente desde el cielo, sino en medio de los crayones, los cuentos y los juegos en el recreo.
No tenemos idea de cuán protegidos están nuestros hijos.
No importa lo que Jonathan decida hacer hoy, si levanta la mano en clase o se queda callado, si juega con diez niños o con uno solo, Jesús está a su lado. Dios no trabaja “por turnos,” no entra y sale dependiendo de la situación. Él no puede no estar con nosotros.
Nos guste o no, lo sintamos o no, Dios está ahí. Y no puede dejar de amar ni de escuchar... es quién Él es. Nos ha atraído a un amor de pacto que no nos suelta.
Y en esa verdad, puedo volver a respirar.
Hoy oro esto por mi hijo y por cada mamá que envía a su pequeño al mundo por primera vez:
Señor, protege a nuestros hijos cuando den pasos en lugares nuevos. Guarda sus corazones y mentes. Hazles sentir Tu presencia, aunque aún no tengan las palabras para describirla. Dales valor para ser amables, fuerza para enfrentar nuevos retos y un gozo que solo viene de Ti. Recuérdanos, a nosotras sus mamás, que Tú los amas más de lo que jamás podríamos y que usas cada momento para su bien y para Tu gloria. Amén.
El Salmo 9 nos recuerda: “El Señor es refugio para los oprimidos, es su baluarte en momentos de angustia.” Que esa sea la canción de nuestros corazones mientras vemos a nuestros pequeños dar pasos valientes en el mundo — sabiendo que nunca los dan solos.