Cuando la bondad no es bien recibida
Y por qué aún así vale la pena hacer el bien
Hace unos meses, estaba en un pop-up vendiendo empanadas con mi mamá. Estábamos sirviendo a varios clientes cuando notamos a un hombre sin hogar parado junto a otro vendedor, pidiendo comida. Sin pensarlo mucho, mi mamá y yo estuvimos de acuerdo: debíamos ofrecerle algo.
Ella se acercó con amabilidad y le dijo:
“Queremos regalarte esta comida con mucho gusto.”
Su respuesta nos tomó por sorpresa:
“Lo siento, no confío en tu comida. No te vi prepararla y no sé qué le pusiste.”
Mi mamá, intentando tranquilizarlo, respondió con gentileza:
“Entiendo que pueda parecer raro. Pero mira, allá está mi hija, ella es la que está haciendo la comida. Si quieres, puedes ir a verla preparar un nuevo lote solo para ti.”
Y aún así, él respondió:
“Lo siento, no confío en ustedes. No quiero su comida.”
Nos quedamos atónitas. No porque esperáramos un “gracias”, sino porque su rechazo fue tan fuerte que casi te daban ganas de retractarte de haber ofrecido ayuda.
Le conté la historia al vendedor de al lado, y él dijo enseguida:
“Por eso yo ya no regalo nada. La gente es bien malagradecida.”
Y, siendo sincera… entendí lo que quiso decir.
Es fácil desanimarse cuando tus buenas intenciones son malinterpretadas o rechazadas. Es humano sentirse herido cuando la bondad que das con sinceridad no es bien recibida.
Pero el primer versículo que vino a mi mente fue:
“No nos cansemos, pues, de hacer el bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”
—Gálatas 6:9 (RVR1960)
Ambas posturas tienen sentido.
Está bien sentirse decepcionado. Está bien poner límites. Tal vez ese hombre tenía alergias, traumas pasados o razones que nunca entenderemos. Pero no podemos permitir que la respuesta de una persona nos robe el deseo de seguir amando.
No damos para recibir gratitud.
Damos porque nosotros hemos recibido gracia.
Amamos porque Él nos amó primero. (1 Juan 4:19)
Al final del día, nuestro llamado no es controlar los resultados.
Es permanecer obedientes.
Amar como hemos sido amados.
Servir, incluso cuando no sea recibido como esperamos.
Así que sigue mostrándote.
Sigue ofreciendo el plato.
Sigue siendo luz en un mundo que a veces no sabe cómo recibirla.
Porque nunca sabes… quién será el siguiente en decir que sí.
No comments:
Post a Comment