Cuando Piensas que Eres un Mal Padre
Pero en realidad, solo eres humano
La primera vez que una mamá me confesó que pensaba que era una mala madre por gritarle a sus hijos, pude ver la vergüenza en su rostro.
Y cuando le dije: “Ah, yo también lo he hecho,” soltó un suspiro de alivio y me dijo:
"¿Tú también haces eso?"
Ese momento se me quedó grabado.
Porque no ha sido la única vez que lo he escuchado.
He tenido esa conversación muchas veces—papás y mamás abrumados, agotados, y sintiéndose culpables por perder la paciencia.
Y la verdad es esta:
No estoy diciendo que esté bien gritar todo el tiempo.
Ni que no debamos trabajar en mantener la calma.
Pero sí estoy diciendo que criar pequeños humanos es difícil—y perder el control no te convierte en un mal padre o madre.
Te convierte en humano.
A ninguno nos gustan esos momentos. Ni a nuestros hijos. Ni a nosotros.
Pero lo que importa es lo que hacemos después. ¿Reflexionamos? ¿Pedimos perdón? ¿Lo intentamos de nuevo al día siguiente?
Eso es lo que marca la diferencia.
Una vez vi un TikTok donde una mujer decía que ahora va a terapia porque su mamá era “demasiado perfecta.”
Nunca la vio equivocarse, nunca escuchó una disculpa.
Y ahora de adulta no sabe cómo manejar el conflicto ni sus propios errores.
Eso también me marcó.
Porque nuestros hijos no necesitan un padre o madre perfecta.
Necesitan uno real.
Alguien que pueda decir: “Lo siento.”
Alguien que modele crecimiento, reconciliación y gracia.
Alguien que sepa cuándo pedir ayuda, tomarse un respiro, y llenar su tanque emocional.
Ser papá o mamá no se trata de estar en calma el 100% del tiempo.
Se trata de aprender a pausar, respirar, reflexionar, y seguir adelante.
Así que si esta semana—o incluso hoy—tuviste un momento en que perdiste la paciencia, levantaste la voz o sentiste que estás fallando…
No lo estás.
Estás intentando. Estás aprendiendo. Y estás creciendo.
Y eso vale más de lo que imaginas.
“El fiel amor del Señor nunca se acaba;
sus misericordias jamás terminan.
Grande es su fidelidad;
sus misericordias son nuevas cada mañana.”
—Lamentaciones 3:22-23















